A lo largo de nuestro calendario observamos diferentes celebraciones anuales que nos recuerdan días en los que sucedieron auténticas catástrofes, días que representan a los diferentes países, días en los que se recuerda el fallecimiento o nacimiento de cada una de las personas que hemos pasado por el mundo y, por supuesto, días en los que se recuerda a determinados colectivos.
Estos últimos días, como el día de la mujer, del autismo o del Síndrome de Down no deberían existir, pues no tenemos que recordar que se respete, acepte y acoja a todas las personas por igual. No se necesita recordar el día de la mujer para que se las respete, pues ya tendríamos que educar a los próximos miembros de la sociedad en el respeto a cada persona, sin importar sexo, origen, religión, número de cromosomas o color de la piel. Al igual que no se necesita recordar el día del Síndrome de Down, porque no convivimos con Síndromes de Down, autistas o discapacitados, sino con personas.
El día del Síndrome de Down no debe desaparecer porque “todos somos iguales”, sino porque todos somos diferentes, encontrándose el único punto de conexión en nuestros derechos y deberes.
Algún día se conseguirá un mundo en el que no se necesiten fechas señaladas en el calendario para recordarnos que el respeto debe ser un valor con el que se nace, siendo inconcebible la idea de que pueda existir cualquier tipo de discriminación por nuestras capacidades intelectuales o emocionales, características físicas, creencias religiosas, origen, sexo o incluso color de piel.
Hasta entonces, recordemos el 21 de Marzo como el día en el que, al igual que comienzan a florecer las primeras flores de la Primavera, comienzan a florecer sentimientos de amor, respeto y valoración por todas las personas con Síndrome de Down y por todos sus valientes familiares y amigos, que luchan cada día por personas tan capaces como el resto.
Disfrutemos y potenciemos todas las capacidades de nuestros hijos, educándolos en el respeto y en el amor por los demás, ayudando así a crear un mundo mejor en el que todos y cada uno de ellos vivan plenamente su vida sin ningún tipo de discriminación, porque en la diversidad está la riqueza.
Por Laura de Felipe Pérez

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